¿HAMBRE O ANSIEDAD?

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Bien es sabido por todos los que llevamos un estilo de vida fitness o seguimos una alimentación pautada que hay etapas o momentos en los que la ansiedad por lo dulce, por la comida calórica o simplemente por lo prohibido en nuestro plan de dieta nos ataca y no siempre somos lo suficientemente fuertes para controlarla y eso hace que acabemos comiéndonos la vida sin control con el posterior remordimiento. No confundamos esto con hambre, puesto que cuando tenemos esta sensación no estamos pensando en brócoli con pescado, sino todo lo contrario. Algunos consejos:

1. Bebe agua

Es una forma de saciar nuestro estómago, sentirnos llenos y las ganas de comer puedan disminuir. Sin olvidar que es un elemento básico en nuestro día a día para hidratar y desintoxicar nuestro organismo. Previene la formación de cálculos renales, disminuye el posible desarrollo de infecciones urinarias y virales, reduce los problemas cardiovasculares, mantiene la piel fina, el pelo brillante y las uñas sanas.

2. Relájate

 

Muchas veces la ansiedad viene desencadenada por el estrés que vivimos en nuestro día a día. Al final todo el peso acaba cayendo sobre la comida después sobre nuestra conciencia. Además dándole a nuestro cuerpo el descanso que necesita mejoraremos nuestra salud tanto a nivel físico como mental siendo más resistentes a las enfermedades manteniendo nuestro cuerpo en equilibrio. Cuando no descansamos lo suficiente o llevamos una vida con continuo estrés podemos provocar enfermedades como gastritis, colitis o dermatitis entre otras.

3. Aumenta la ingesta de proteína.

 

Muchas veces el antojo de dulce o el pensar en dulce todo el tiempo es un indicativo de que nos falta más ingesta de proteína diaria, también la falta de concentración, la caída de cabello, la debilidad o las enfermedades constantes. Es complicado identificar que es suficiente o insuficiente aunque haya ecuaciones para calcularlo pero los mejores síntomas son los que tu cuerpo le manda al cerebro. Escucha a tu cuerpo y olvida los números. Añade proteína en todas tus comidas ya sea de fuente animal como en carne, pollo o pescado o de origen vegetal como los frutos secos, las semillas, los cereales, etc.

 

4. Evita dietas muy restrictivas

Restringiendo alimentos, comiendo poco o pasando hambre lo único que vamos a conseguir es saltarnos la dieta y sentirnos ansiosos constantemente por comer lo prohibido. Incluye en tu dieta todos los grupos de alimentos y macronutrientes como los frutos secos, las frutas, los cereales, aceite, chocolate, leche. Llevando una dieta equilibrada las posibilidades de ansiedad son menores. A parte de propensar a nuestro cuerpo a nivel de salud a enfermar por falta de nutrientes, problemas de colesterol, problemas anímicos, efecto rebote o fertilidad. Algunos consejos útiles:

  • No comas para llenarte, come calidad para nutrirte.
  • Cada persona es un mundo, haz una dieta adecuada completa, equilibrada y adecuada a ti y a tus necesidades.
  • Siéntate y regálate ese momento y ese tiempo para tu comida. Comer despacio y masticar bien nos ayudará a sentirnos saciados por más tiempo.

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